Volantes que no giran

Cuenta la leyenda que un hombre llevó su coche al taller.

– Hola, venía para traerle el coche – dijo el hombre al mecánico.
– ¿Cuál es el problema? – le preguntó éste mientras estaba debajo de otro vehículo, revisando alguna pieza que probablemente debería tener mejor acceso.
– Pues el problema es que mi coche no gira. Muevo el volante hacia la izquierda y el coche sigue igual. Muevo el volante a la derecha y tres cuartos de lo mismo.
El mecánico siguió operando desde allí abajo, quizá estuvo unos segundos pensando. Finalmente, me dijo que eso podría ser una cremallera muerta, una bomba muerta o un latiguillo suelto. Y que me iba a salir bien caro.
De repente pensé en un mundo maravilloso dentro de mi coche, y al mecánico vestido de Indiana Jones luchando contra cremalleras, bombas y latiguillos sueltos.
– Esta semana voy muy estresado, pero como así no puede circular, vamos a darle un vistazo.
Se sentó en el asiento del copiloto. Desde el asiento del conductor, empecé a mover el volante a un lado y luego al otro.
– ¿Se está quedando conmigo? – dijo el mecánico.
– Para nada, señor. ¿No ve que no se mueve ni a la izquierda ni a la derecha?
– ¡Está usted loco! ¡Tiene el motor parado! ¿Cómo quiere que el coche se mueva si no arranca?

Esta historia puede parecerte absurda. Pero expresa muy bien como nos comportamos a veces con Dios.
Queremos dirección de Dios para saber hacia donde quiere que vayamos. Pero sin embargo, se nos olvida nuestra parte. La de arrancar el motor, la de buscarle en oración hacia Él, la de intentar aprender como es Él a través del libro de libros que nos ha dejado para conocerle, la de reunirse con más gente con inquietudes como las nuestras.

Sólo cuando nosotros buscamos a Dios de corazón, podemos entender hacia donde quiere que vayamos.
¿Te atreves a arrancar?

  1. Nacho

    Muy bueno. Arrancar ese coche vale la pena.

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