Tu cara de domingo

Empecemos duro… ¿De qué sirve asistir todos los domingos a una “iglesia” si el lunes vuelves a ser más malo que un “pan caducao”? ¿La persona que acude a misa (o a un culto) el domingo es realmente la misma que va a trabajar el lunes?

Es cierto que no usamos el mismo tipo de lenguaje cuando hablamos con una personalidad importante, con los amigos o en casa. Pero eso no significa que cuando vamos a la “iglesia” tenemos que fingir ser una persona que en realidad no somos.

Veamos un ejemplo. Cada domingo, millones de cristianos en todo el mundo se ponen su “ropa de domingo” para asistir a la iglesia. Es decir, la iglesia se ha convertido en un lugar en el que la gente esconde su verdadera manera de ser y se camufla en un escenario en el que parece que estamos actuando poniéndonos maquillaje, nuestra ropa más bonita, música especial, hay un maestro de ceremonia…

Vestirse elegantemente es simplemente otra práctica humana que aunque en sí misma no es mala, podemos convertirlo en una norma o juzgar a los que no se vistan así. El problema es que reflejamos una falsa división entre lo sagrado y lo secular. No es necesario vestirse de una determinada manera o acudir a un determinado ritual para tener acceso a la presencia de Dios. Tenemos acceso directo a Dios en todo lugar y a cualquier hora.

En mi opinión, esta manera de diferenciar el mundo de la iglesia del resto del mundo ha hecho mucho daño. En primer lugar porque debemos de conectar a la gente con Dios desde su nivel y no creyéndonos que estamos hechos de otra pasta y, en segundo lugar, porque nosotros mismos somos un ejemplo de esta dualidad cuando cada domingo fingimos ser de otra manera. Al fin y al cabo, Dios no bajó en una nube desde su grandiosidad para ganarnos. Dios se hizo carne y habitó entre nosotros.

Ser cristiano implica entregar a Cristo cada área de tu vida. Esto significa que la edificación del Espíritu Santo en nosotros se nota en nuestra vida diaria, en nuestros estudios, en el trabajo y sobre todo, en nuestras relaciones con los demás. No hay un lugar específico en el que se es cristiano. De nuevo, no hay medias tintas. O se es o no. No pongas “tu cara de domingo”. No finjas ser cristiano. Vívelo.

(Fotografía con licencia creative commons por Nantucket Historical Association) 

 

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