Ser parte del problema… o de la solución

Ante cualquier adversidad en la vida, al final sólo tenemos dos actitudes posibles: O bien nos cerramos en banda, lo vemos imposible y no hacemos nada, es decir, formamos parte del problema, o bien, lo afrontamos con una filosofía distinta, aunque haya que agudizar el ingenio, pero acabamos formando parte de la solución capaz de librarnos del obstáculo.

También creer en Dios es algo similar. Hace muchos muchos años, mucho antes de la primera edición de Gran Hermano, Dios quería librar al pueblo de Israel de su esclavitud en Egipto. Para ello, llamó a Moisés. Y Moisés reaccionó diciendo que a él no le iba muy bien eso de hablar en público, así que Dios le dio esa potestad a su hermano Aarón. Con el equipo montado, uno podría pensar que el pueblo estaría totalmente convencido y confiado en la voluntad de Dios después de las 10 plagas milagrosas que dejaron claro a Faraón cual era el plan divino. Pero no. Incluso después de cruzar milagrosamente y sin efectos especiales el Mar Rojo para escapar de los guerreros de Égipto, ante la escasez de comida, el pueblo clamó que más les hubiera valido seguir siendo esclavos en Egipto que morir de hambre en el desierto. Sin embargo, Dios volvió a cumplir con su pueblo proveyendo de raciones diarias de maná, e incluso cuando de esto se agobiaban, les llegaban codornices desde el cielo. Llegó el momento de la verdad, tenían que tomar la tierra que Dios les había prometido. Moisés organizó a doce hombres para que inspeccionaran el área. ¿Y qué pasó? 10 de ellos aseguraron que la empresa era imposible y sólo dos de ellos, Caleb y Josué, confiaron en que si era lo que Dios les había prometido, triunfarían. Sólo dos formaron parte de la solución divina. Sólo ellos dos formaron parte de la solución. De ese grupo, sólo ellos dos llegaron a esa tierra prometida. El resto, perecieron irremediablemente dando vueltas en el desierto.

Y así son los planes de Dios para nosotros. Son planes grandes, increíbles, pero depende de nosotros formar parte de ellos. Es como aquel muchacho que tenía 5 panes y 2 peces. Mientras los demás que estaban escuchando las enseñanzas de Jesús se quejaban del hambre, el joven compartió su granito de arena. Y de ese pequeño acto, Jesús hizo la maravilla de alimentar a cientos de personas.

Así es la vida con Dios. Él tiene grandes soluciones para ti, y tú decides si quieres seguir formando parte del problema, o poner de tu parte en su solución magnífica. Y no hay más.

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