¡Oye! Ni mentir ni robar es pecado

¿Y si te dijera que ni robar, ni mentir o ni siquiera matar a alguien es pecado? Alguno estará pensando ¿Nos hemos vuelto locos o qué? Pero os lo aseguro: ninguna de estas acciones tan “feuchas” son pecado.

¡Que no cunda el pánico! No estoy proclamando un llamamiento a que todo el mundo salga a la calle a hacer malas acciones con impunidad absoluta. Pero claro ¿dónde está el gato encerrado?

Como os he dicho ninguna de las malas acciones que se nos ocurran por malas que sean son en sí un pecado. Sin embargo, son una manifestación externa del pecado. ¿Y esto como se come? La diferencia es que un mal pensamiento o un mal deseo en nuestro corazón es pecado. La acción de culminar ese pensamiento es la manifestación de ese pecado que ya hemos cometido.

De nada sirve convertir el cristianismo en meras reglas moralistas sobre nuestros hábitos de conducta porque de nada serviría si no se elimina el problema de raíz. ¿Y dónde está esa raíz? Pues en nuestro corazón como dice el propio Jesús en Mateo 15:

19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, los falsos testimonios y las calumnias.

En Mateo 5 Jesús da un par de ejemplos sobre esto. En el primero, nos enseña que aunque la ley moral decía “No matarás”, enfadarnos y desearle el mal a nuestro prójimo nos condena. En el segundo ejemplo, nos recuerda que aunque la ley decía “No cometerás adulterio”, cuando miramos a una mujer y la codiciamos ya hemos cometido adulterio en nuestro corazón.

El pecado es en realidad cualquier cosa que separe al ser humano de Dios que es su creador. Por eso decimos que la entrada del pecado en el mundo produjo cuatro rupturas en las relaciones del ser humano: con Dios, con los demás, consigo mismo y con la propia creación.

Por suerte, a través de Jesús podemos tener nuestro propio proceso de restauración, el cual va mucho más allá que simplemente corregir malos hábitos morales, sino más bien, en que Él mismo nos entregue un nuevo corazón.

(Fotografía: Gabriela Camerotti)

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