Efecto Placebo

Alguna vez, cuando he dicho que soy cristiano, me han dicho: “Bueno, si eso te ayuda”. Muchas personas ven las religiones como una invención humana para hacernos más fácil vivir con los problemas y desgracias que sí o sí surgen en la vida.

Por esta razón, igual da si eres de un palo o de otro. Cualquier cosa que te ayude a hacer tu vida más llevadera, mientras sea legal y no amenace con la libertad de los demás, será válida y hasta cierto punto aceptada por la sociedad.

El problema es que por mucho que uno se empeñe en que puede volar, si salta por una ventana, es más que probable que acabará mal la cosa.

Por esto, hace dos mil años, hubo una persona llamada Jesús que se declaró abiertamente como la Verdad. No decía ser un camino más, se proclamó EL CAMINO. Y con respecto a esto, sólo hay tres opciones:
– Que fuera un loco que se creía ser lo que decía pero en realidad no lo era.
– Que fuera un mentiroso que quería timar a la gente.
– Que realmente fuera lo que decía que era.

Yo descartaría la de mentiroso. En primer lugar, porque murió crucificado por esos “ideales”. Si fuera un mentiroso, podría haber intentado huir o admitir que mentía.
Podría ser un loco. Pero hay muchas razones para creer que realmente es quien dijo ser.

En primer lugar, por el gran número de testigos que creyeron en Jesús al ver las señales que mostraba, y en segundo lugar, por la gran cantidad de profecías del Antiguo Testamento que se dieron cumplimiento en Jesús. E incluso hay pruebas de su resurrección.

Pero el punto es que, si es cierto, Dios no es un invento humano, una especie de juez imaginario para marcar nuestra conducta, o un amigo salvador imaginario para que fijemos una esperanza falsa. No es algo en lo que buscar una especie de efecto placebo.

Nosotros sí pensamos que hay un único camino, y es la Verdad. No pensamos que Jesús fuera un loco o un mentiroso. Pensamos que es Dios mismo hecho hombre, un Salvador para toda la humanidad.

  1. Anónimo

    Lo malo es que todos esos testigos y escritos pudieron ser también invenciones. Si yo hoy escribo que Jesús ha vuelto y que muchísimas personas han sido testigos de ello, dentro de dos mil años esa información ya no es verificable. Solo queda mi fuente, que en realidad no tiene ninguna credibilidad.
    Al final, creer o no en Dios sigue siendo una cuestión de opinión y fe, no hay ni habrá argumentos categóricos a su favor.

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