¡Comamos y bebamos, que mañana moriremos!

¿Cuántas veces hemos escuchado eso de que sólo se vive una vez, que la vida es corta y hay que aprovecharla?

Nunca he logrado olvidar estos versos de Garcilaso de la Vega: “Coged de vuestra alegre primavera el dulce fruto, antes que el tiempo airado cubra de nieve la hermosa cumbre“, y eso que me los aprendí de una profesora de instituto que acomplejada con el paso del tiempo, no paraba de repetirlos como una advertencia para nosotros. Esto es el Carpe Diem, aprovecha el tiempo porque luego, no hay nada. Como veis, incluso gente muy bien educada aconseja vivir la vida como algo efímero, de lo que hay que sacar el mayor fruto posible.

La humanidad de hoy ha cambiado menos de lo que parece en los dos mil años que han pasado desde que Pablo de Tarso escribió el título de este artículo en una de las cartas que envió a las iglesias incipientes del primer siglo. Los peligros de la ambición desmesurada por el éxito, el poder, el prestigio, el dinero o el sexo son básicamente los mismos de siempre.

Jesús mismo, se encontró con gente que prefería seguir las corrientes de este mundo antes que seguirlo a él. En una de sus parábolas, Jesús comparaba sus enseñanzas como una semilla que da fruto en aquellos que de verdad la guardan en su corazón. Pero había otros “terrenos” menos afables. Eso le pasó a las semillas que cayeron entre espinos. Según Jesús, “las semillas que cayeron entre los espinos representan a los que oyen la palabra de Dios, pero muy pronto el mensaje queda desplazado por las preocupaciones de esta vida, el atractivo de la riqueza y el deseo por otras cosas, así que no se produce ningún fruto“. Estas personas se pierden en un mundo engañoso que pronto pasará y ellos quedarán en el olvido absoluto.

Pero todo esto tendría sentido si Jesús no resucitó, porque si Jesús no resucitó, nadie lo hará. Y si nadie resucita, no hay más vida que ésta, no hay más mundo que éste. Y siendo así, tal y como decía Pablo, más nos valdría disfrutar de lo que esta vida nos da, sin mayor preocupación.

Pero si Jesús no fue un farsante o un loco; si Jesús murió por tus pecados y los míos; si Jesús resucitó de entre los muertos (como afirma Pablo nombrando a numerosos testigos), entonces, como decía el locutor Andrés Montés, la vida puede ser maravillosa.

Entonces tendría sentido admitir que hay algo mejor que los placeres de esta vida. Y valdría la pena intentar conocer más a Dios y saber que quiere de nosotros.

Y tú, ¿te conformas con esta vida o quieres más?

Más info: Parábola del sembrador (Marcos 4), Primera carta de Pablo a los Corintios 15.

P.D. Si quieres más, te interesa el curso Alpha que estamos montando en UPV Valencia. Primera sesión: Jueves 28 de Enero de 2016. 15h. Escuela de Caminos. Edificio 4G.

  1. juanenlaciudad

    creo que la iglesia a lo largo de sus historia ha oscilado entre separarse completamente del mundo enfocandose en la vida eterna y entregarse completamente a este mundo y olvidando la eternidad.

    Aunque se debería buscar un equilibrio, podría decir que lo que predomina en la iglesia primitiva es renunciar a este mundo

    buen articulo (muy corto) porque nos confronta!

  2. Nacho

    Seguramente lo mejor sea un equilibrio, pero no es buscar un equilibrio nuestra forma de excusar no meternos de lleno en la vida que Dios tiene para nosotros? Hmmmmm, a veces me pregunto ese tipo de cosas.

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